KACHINAS E INICIACIÓN
EN EL RITO CEREMONIAL HOPI
ANA CONTRERAS
3a. parte

Kachina ofreciendo regalos a los niños.1

Una forma de ir develando cosas en el camino del Conocimiento es el asombro que nos produce tal o cual asunto, capaces de señalar un punto de coyuntura para el escape a otros mundos que, aunque de fantasía y murmullos, pueden ser utilizados como caminos hacia el acercamiento de nuevas realidades. Se trata en todo esto del asombro en sí, como sujeto. Por lo que el cultivo de esta realidad debe procurarse a través de la perenne contemplación de lo asombroso.2


Niño recibiendo un tihü o muñeca kachina.

Si una palabra describe lo que un niño siente ante la llegada de los kachinas –o kachinam– al pueblo, es el asombro. Un asombro del que sin embargo participan todos a pesar de la reiteración del rito, año tras año.

Como en un sueño, tomo consciencia del mundo que me rodea. Hay un zumbido, como si las rocas le susurrasen a la luna: “Los Espíritus Vivientes de los dioses han llegado, han llegado las bendiciones, nuestra es la alegría para el año venidero”.3

Las ceremonias kachina ocupan el calendario Hopi durante aproximadamente medio año, tiempo durante el cual todo miembro de las comunidades Hopi es iniciado en alguna de las sociedades kachina, de manera que todos participan en una medida u otra en los ritos. Tienen lugar en un orden preestablecido, basado en observaciones lunares y solares. El ciclo ceremonial da comienzo a finales de otoño con dos ceremonias: Wúwuchim y Soyál, tras la cual llega Powamu, considerada la primera gran ceremonia. Siguen tres de verano, Niman Kachina, la Ceremonia de la Flauta y la Ceremonia de los Antílope-Serpiente.4 Nos centraremos en este trabajo en Powamu y Niman Kachina fundamentalmente, ya que es principalmente en ellas en las que participan los kachinas.


Calendario ceremonial Hopi.

Cada invierno, al final de la ceremonia de Soyál, que coincide con el solsticio, estos misteriosos seres hacen su primera aparición con sus Danzas Nocturnas, dando inicio al ciclo ceremonial Hopi, y seis meses después, durante Niman Kachina, que coincide con el solsticio de verano y acaba a mediados de julio, regresan a Nuva’tukya’ovi o Montaña de Nieve, en los Picos de San Francisco, al norte de Flagstaff, Arizona, donde habitan.

Pero de hecho, vienen de mucho más allá, de estrellas vecinas, de constelaciones demasiado distantes para ser visibles, de mundos sutiles misteriosos.5

Todos los años vienen a ayudar a los seres humanos. Son mensajeros de los dioses, y como intermediarios entre ambas realidades, traen bendiciones de otros mundos. Durante los seis meses que separan Wúwuchim de Niman Kachina, visitan y asisten a los Hopi en sus ceremonias ya sea con el fin de asegurar la renovación del ciclo de la vida como con las iniciaciones. Por lo que cuando se dice que vienen a traer lluvia,6 no es sólo en un sentido literal:

Se cuenta que vivieron un tiempo con los Hopi tras su Salida del Inframundo7 y traían lluvia con sus danzas, pero la gente se volvió irrespetuosa y los kachina los dejaron para irse a vivir por su cuenta. Aunque antes de partir, acordaron enseñarles cómo realizar sus ritos.8

Su origen se remonta a los orígenes de la Humanidad. Se dice que el kachina Kókopilau habla una lengua tan antigua en sus cantos que ya ningún Hopi puede entenderla.


Kókopilau, más conocido como Kokopelli.

Es el dios de la fertilidad y de la comunicación, curandero y cuenta-cuentos, presente en petroglifos de más de 3000 años de antigüedad repartidos por todo el suroeste norteamericano, aunque se han encontrado representaciones suyas desde Perú hasta Canadá. Como Dios de la fertilidad, está dotado de un enorme falo. El sonido de su flauta ayuda en la transición del invierno a la primavera, fundiendo las nieves, generando lluvia y aportando calidez. Se dice que ésta, a veces representada como una larga nariz, anuncia su llegada, y que a su partida la cosecha es abundante y las mujeres han quedado embarazadas. Se habla de él como un ser alegre y travieso cuya joroba nos recuerda a los juglares medievales. Es el único personaje antropomórfico representado sobre pintura rupestre que haya conservado el nombre. Como Osiris, está identificado en el cielo por Orión.


Tihü de Kókopilau, finales del s. XIX,
Brooklyn Museum.

En cualquier caso, los kachinas acompañaron a los Hopi en sus migraciones. Su nombre proviene etimológicamente de ka, respeto, y china, espíritu. Encarnan todas las formas invisibles de la vida, pero también de la vida más allá de la muerte. Son un símbolo vivo del alma universal, multifacética y de la fe en el Misterio de la vida. Nadie duda de su veracidad. Su número es indefinido pues se trata de fuerzas vivas que se consumen y renacen. Aunque se comunican a través de la intuición, durante los seis meses que conviven con los Hopi, se manifiestan físicamente y son encarnados por hombres enmascarados que “pierden su identidad personal y son imbuidos de los espíritus de los seres que representan”.9 Éstos deben ser impecables no sólo en la ejecución del rito sino, esencialmente, en sus propios pensamientos, ya que cualquier fallo puede no sólo invalidar toda la ceremonia sino también comprometer la cosecha o la supervivencia del grupo. Si esto sucediera, todo habrá sido en vano. Las ceremonias Hopi dramatizan las leyes universales. Con ellas se transmiten los Misterios y se despliega el Camino de la Vida, por lo que se exige un compromiso total.


Kachinas preparados para la ceremonia de Powamu, 1893.

Quien encarna a un kachina recibe su poder al colocarse su máscara y su ropaje y pintarse con los símbolos tradicionales que lo caracterizan.10 Las máscaras de los jefes kachina11 poseen poderes espirituales y el derecho a usarlas y a custodiarlas es hereditario. Son cuidadas y alimentadas ritualmente, y al morir su dueño son enterradas, entendiéndose que su poder debe ser devuelto a su origen.

Todos los pueblos han utilizado máscaras y aún las siguen usando. Para los pueblos arcaicos y las civilizaciones tradicionales, ellas están ligadas íntimamente a lo sagrado y representan energías cósmicas y metafísicas presentes en su cosmovisión y panteón; lo mismo la ropa ceremonial y los atributos e insignias que portan en sus constantes ritos. Están pues ligadas de modo íntimo al espíritu y los dioses, y a las fuerzas que estos manifiestan en la sacralidad de todo lo existente. Vestirse con aquellas ropas, máscaras y atributos –en los que todo es simbólico– es encarnar las energías cósmicas y metafísicas de la Creación universal, siempre presente; es por lo tanto vivir en el permanente ahora, en el gesto original, que igualmente reiteran sus coreografías. Por lo tanto es armonizar con la fuerza universal participando de ella, y sobre todo contactar con los espíritus invisibles que pueblan y gobiernan el mundo, mediante esta invocación que, en su integridad, no deja nada fuera del ser. Desde luego que esta actitud es transformadora, pero debe señalarse que no se ha de tomar esta expresión en un sentido superficial: como si sólo esa metamorfosis fuera externa. […]
Por otro lado este poder transformador de la máscara, al aparentar algo, es compartido con todos aquellos que van recibiendo así sus energías; por cierto que esto es válido también para gesto y voz, y sobre todo para el ritmo que acompaña a estos movimientos.12

Estas palabras sintetizan lo que viene a continuación, donde todo adquiere sentido por su ligazón simbólica, que remite constantemente a la cosmogonía de este pueblo, a sus orígenes, a sus mitos, cuidadosamente escenificados en sus ritos.


Tihü de Sóyal.
Museum of Northern Arizona.

Como decíamos, aunque la primera ceremonia es Wúwuchim, los kachinas llegan en diciembre durante Sóyal, por lo que el primero del año13 recibe su nombre: kachina Sóyal,14 y es encarnado por un miembro del Clan del Oso. Es uno de los Jefes kachina, los únicos que aparecen en solitario.15

Vestido de blanco con su máscara turquesa, llega tambaleándose como un niño aprendiendo a caminar, lo cual significa que la nueva vida está renaciendo.16

Al llegar al pueblo realiza cuatro paradas, anunciando el inicio inminente de la ceremonia. Coloca páhos17 en la kiva18 como ofrenda. Es conocido también como kachina del retorno ya que las oraciones y ofrendas “allanan el camino” para que vengan otros kachinas. En un último rito, el jefe Sóyal entrega una páho al siguiente kachina, Mastop, para su bendición para el año entrante, tras lo cual, el kachina Sóyal se dirige hacia el oeste, volviendo a su santuario, el santuario kachina, al final del precipicio.


Tihü de Mastop, colección privada.

Mastop es un personaje temible, con máscara y cuerpo teñidos de negro, huellas de manos humanas de color blanco sobre el torso, una falda de piel de animal salvaje y los pies cubiertos con piel de lince. Viene de muy lejos, como lo indica el color negro de su casco así como las tres estrellas blancas a cada lado de la cabeza, en alusión a las tres estrellas del cinturón de Orión. A su llegada, saca a una mujer casada de entre la aterrada multitud y simula una cópula, representando con ello el poder masculino de la fertilidad: la fecundación permite la ascensión por el Camino de la Vida.

Tanto su nombre como el símbolo de su boca y nariz representan una mosca que lleva las células germinales de la humanidad. Su cuerpo negro simboliza la Tierra, el cuello de hierba el reino vegetal, y la falda de lince el reino animal. Las huellas blancas en forma de manos representan el toque humano en todo. Su vara negra pintada con anillos blancos simboliza una escala con sus peldaños, aquélla por la que el ser humano asciende durante sus sucesivas Salidas. Por esta razón, se colocan varas análogas sobre las túnicas mortuorias, de forma que los difuntos puedan ascender hacia los mundos sutiles.

El día del Solsticio, a mediodía, vuelve a aparecer el kachina Sóyal con Ahoöla, y Ahoöla mana,19 sus análogos en otros pueblos Hopi. Tras pasar de casa en casa se dirigen a la kiva Kwan para anunciar la llegada de los catorce kachinas Qoaquakleum.


Máscara antigua de kachina Qoaquakleum o Qöqölo,
colección particular.

Han llegado los Qoaquakleum. Suaves y blancos con su traje de ante y rostros tan amarillos como un acantilado iluminado por el sol, con cejas curvas y redondeadas: el cultivo del maíz. La boca redonda es amorosa, generosa. Con gran expectativa los niños sólo pueden ver los muchos obsequios traídos por los kachinas: sonajas de colores y zumbadores, arcos y flechas o dulces de cualquier tipo, hasta que ya no quedan obsequios ni niños y los Qoaquakleum han desaparecido misteriosamente.20


Qoaquakleum llegando al pueblo.

Han caminado tantos días que sus gestos se ralentizan. ¡Qué cansados! Apenas pueden poner un pie delante de otro. Apenas pueden seguir al líder. No, ¡no pueden! Se están quedando dormidos, y el primero se acuesta. Uno por uno todos se van acomodando con los pies tocando los hombros del que va delante. En silencio forman una larga fila sobre el suelo frío. Con la misma lentitud con la que empezaron, uno a uno se van levantando descansados. Un pie aquí para avanzar y luego el siguiente.21

Forman una larga fila listos para la danza y se les colocan detrás cuatro Kókoyemsim, o Koyemsi, los Cabezas de Lodo, cuya función consiste en dar regalos a los niños y entretenerlos con juegos y bromas, aunque a otro nivel, son símbolo de los albores de la humanidad en su primera Salida al mundo. Por esta razón balbucean incoherentemente pues aún no han aprendido a hablar. Al final de la danza, el jefe Sóyal entrega las páhos a los Qoaquakleum enlazando con la siguiente ceremonia.


Cabezas de Lodo al acabar una ceremonia. Vroman, 1899.22

Su gran tambor blanco, como un mundo en el espacio, de repente explota con un ritmo espeluznante. Le responde el rápido crescendo de la canción de los Koyemsi: rápido, más rápido, como si el mundo se acabara. Y así es. Todas las luces están cubiertas con mantas. Luego, expuestos una vez más, aparecen más brillantes en contraste con la negrura anterior. Como por arte de magia, una pantalla ha aparecido ante nosotros representando nubes de lluvia, relámpagos, tallos de maíz, hojas de maíz. Frente al mural inesperado, un campo de maíz tridimensional, joven, verde, prometedor de vida. “Dadores de felicidad” atascados en bolas de lodo. El impacto es grande. Dos enormes serpientes salen disparadas de sus agujeros. Sus cuerpos negros, con vida, son propulsados lejos. Se atreven con los hombres. Ello sacude el mundo. Cuerpos negros, cabezas alargadas coronadas de plumas de colores, colmillos rojos, van tras los Koyemsi, tras los maizales, tras la promesa de vida. A la defensiva, los Cabezas de lodo luchan. Los latidos crecientes del tambor sacuden la habitación. De repente, la lucha ha terminado. La lucha es toda simbólica. La vida alterna con la destrucción: recoger la cosecha en cierto modo es “quitar”. Las mazorcas pesadas rompen el tallo del maíz en abundancia, lo que significa una pérdida como se enseña en las leyendas. El precio es la vida, la felicidad se paga con la fuerza, sin embargo, el relámpago, poder ardiente, trae nubes de verano con su cabello largo, lluvia que cae, bendición, la esencia de la vida o la germinación de los hombres. El fluido es la respuesta.
En dos grandes barridos, los campos de maíz son destruidos. Las luces están apagadas. Hay silencio. Un silencio que hiere los oídos. Algunos movimientos, algunos susurros, unos segundos de nada. Las luces están encendidas. Los Koyemsi hacen regalos a los niños, suben la escalera... Solo, el sacerdote fuma. Se ha realizado.23

Tras Wúwuchim y Sóyal, la Tierra ha solidificado y la vida ha germinado. Los primeros kachinas han llegado para ayudar a su crecimiento y les siguen otros con sus Danzas Nocturnas, preludiadas por las danzas Hoya, cuyo significado es “listos para volar del nido”, y que aportan diversión haciendo parodia de la España colonial o de otras tribus vecinas. El humor está significativamente presente en las ceremonias Hopi a través de diversas formas de payasos que reciben diferentes nombres.

Pero “no hay mejor risa que reírse de sí mismo”.24 En realidad se trata de payasos sagrados, cuyo papel trasciende el puro divertimento:

Se dice que estos payasos sagrados veían con los ojos de un niño y por ello detectaban lo falso a distancia. Se les llamaba destructores de héroes porque su papel era despertar del sueño. Con la llegada del hombre blanco, cambiaron su forma para ser invisibles y poder seguir actuando, pues éste no podía soportar ser el blanco de la risas, al punto de llegar a asesinarlos.25

Una anciana recuerda su importancia:

En los días previos a la llegada de los invasores teníamos payasos. No payasos como los ves ahora. Nuestros payasos revestían cualquier cosa. Así como les apeteciera, se vestían. Y no sólo de vez en cuando para hacer el tonto y hacer reír, nuestros payasos estaban como nosotros todo el tiempo. Eran tan importantes para el pueblo como el jefe, el chamán, los bailarines o los poetas.26


Tihü de Koshare o payaso sagrado,
Brooklyn Museum.

Pero las verdaderas danzas se hacen esperar en el interior de las kivas por un público expectante.

Arriba suena un curioso grito falsete y el sonido de una sonaja, seguido por un pisotón en la azotea. Los kachinas empiezan a bajar la escalera y se colocan formando una larga línea a lo largo de las tres paredes al nivel del altar. ¡Qué raros, horribles y maravillosos son!27


Fila de kachinas listos para la ceremonia, c. 1920.

Forman una unidad indiferenciada: grupos de personajes idénticos que se mueven al unísono en perfecta sincronización de canto, movimiento y sonido que hace imposible distinguir o individualizar.

Unida siempre a la música y al canto como una trilogía rítmica indisoluble, la danza constituye un gesto espontáneo que se articula con el ritmo universal. Este ponerse “a ritmo”, este “ritmar” con el cosmos, es la esencia y el origen de la danza, cuyas coreografías y movimientos circulares se inspiran en el orden de los planetas y sus efectos y correspondencias en la manifestación. El hombre, el danzante, es el intermediario entre cielo y tierra, y sus pasos repiten y representan la cosmogonía primordial a la que inmediatamente asigna un carácter repetitivo y ritual. Gracias a estos gestos y figuras ideales o patrones simbólicos, y a la total entrega a la danza, el ser humano se ve transportado otro mundo, a otro espacio mental, donde su participación activa en el presente, a través del movimiento, hace que conecte con una sola y única onda o vibración, compartida por la creación entera. Cuando esto es así, es que se ha comprendido el sentido mágico de la vida, de la que se forma parte.28


Danza Powamu, Shongopavi, 1893.

Noche tras noche, irán apareciendo, tomando el relevo, hasta que de pronto se interrumpe la danza y todo se aquieta. El jefe pregonero anuncia: “Gente del pueblo, el jefe de la Sociedad Powamu da comienzo a sus oraciones y empieza la concentración en su kiva. Pide a todos los habitantes del pueblo la mayor humildad durante dieciséis días. No tocar los tambores. No hacer ruidos fuertes. No levantar la voz contra los demás. Desea que habléis en voz baja durante estos días”.29

Con la nueva luna Powámúya30 acaban las Danzas Nocturnas. Es el momento de la gran ceremonia que simboliza la última fase de la Creación en el amanecer de la vida. Si Wúwuchim establece el diseño del desarrollo de la vida dando forma al año venidero, Sóyal lo acoge y Powamu –también llamada Danza del Frijol– lo purifica,31 en un triple gesto arquetípico. La llegada de los kachinas, quienes representan todas las formas de vida, significa la consagración de su crecimiento.

Durante Powamu, en febrero, se acoge a todos aquellos jóvenes que se iniciaron en el Wúwuchim del año anterior y han realizado su peregrinaje a la Cueva de Sal del Gran Cañón. Su inicio coincide con la luna nueva. Ocho días de preparación y ocho de ritos, como en las ceremonias anteriores.32


Plaza de Mishongnovi.
Se aprecia en el centro la entrada a la kiva. Vroman, 1901.33

El primer rito es la siembra de los frijoles y tiene lugar durante los cuatros primeros días. Se ha de obtener permiso del Clan de la Arena, guardián de la tierra. Los páhos de oración siempre actúan como intermediarios. Tras recoger la tierra regresan a las kivas y siembran los frijoles, sobre los cuales se fuma. A continuación son espolvoreados con harina sagrada de maíz. Al octavo día, en pleno y riguroso invierno, empiezan a brotar.

Simbolizan la primera forma física completa de vida que apareció durante esta última fase de la creación.34

Los frijoles forman parte de las plantas sagradas junto con el maíz, el chayote y el tabaco. Eototo,35 el jefe de los Kachina, y su acompañante Ahóli36 siembran también un poco de maíz,37 la planta más importante de las cuatro, en un rito tan breve como significativo.

Cuando empiezan a germinar los brotes, kachinas Powamu sin máscara y luciendo en sus cabezas flores de chayote van visitando las kivas contribuyendo así a su crecimiento. Conforme va entrando la gente, un kachina-mana38 se burla de algunos o los felicita, instándolos a revisar acciones pasadas, gesto que tiene que ver con la purificación y que en este sentido ayuda a crecer a la planta. Sobre la arena en que se sembraron los frijoles y donde se alza el altar, el jefe Powamu y sus asistentes pintan la imagen de Angwushahai’í Kachina, madre de los Hu’ kachinam o kachinas azotadores, que la flanquean. Cuando todo está listo, el jefe Powamu lleva todas las cosas a la kiva Ahl, donde tendrán lugar las iniciaciones Kachina.


Detalle de la entrada a la kiva de Walpi. Vroman, 1902.39

Aunque, como es natural, escasa información trasciende acerca de las iniciaciones, sabemos que

la ceremonia de iniciación es supervisada por los jefes tribales que encarnan las energías de Taiowa y Másaw40 bajo la forma de kachinas y tiene lugar en la kiva, cuya estructura y configuración evoca la Cosmogonía. Con el kachina Taiowa, se invoca el regreso del sol, imprescindible para que crezca el maíz, no sólo sustento de este pueblo sino, sobre todo, símbolo sagrado para su cultura, presente en todos sus ritos y sus ceremonias, relacionadas con su cultivo, donde se ofrendan plumas y polen de esta planta, mientras el kachina Másaw ejerce de guardián de la Puerta, defendiendo el pasaje.41

Ambas energías se complementan y aúnan sus fuerzas.


Niños preparados para una ceremonia, 1890.

Todos los niños Hopi han de iniciarse entre los seis y ocho años. Sus padres y un padrino escogerán la sociedad en la que se iniciarán, siendo la Powamu la de más jerarquía, por lo que los niños escogidos por esta sociedad son los que demuestran aptitudes de índole espiritual. Como nos narra a continuación Kacha Hónaw, Oso Blanco, iniciado en la Sociedad Powamu en 1914, los niños iniciados en la sociedad Powamu no son azotados. Recuerda así los ritos:

Al ponerse el Sol el undécimo día, mi padrino vino a nuestra casa y me ató una pluma de oración en la cabeza, como señal de que iba a ser iniciado en Powamu. Luego me llevó a la Kiva Marau, donde fui sentado junto a otros doce niños pequeños en el lado norte del nivel inferior. Él fue a la parte superior con los otros padrinos. Los niños nos teníamos que sentar con los pies sobre el asiento y las rodillas bajo el mentón porque éramos kékelt, demasiado jóvenes para volar. Hacia medianoche escuchamos ruidos encima de la kiva. El jefe de la kiva gritó: “Yung-ai! ¡Pasen! ¡Bienvenidos!”.
Entonces entraron los kachinas. Eran kachinas Powamu, hombres y mujeres, pero sin máscaras. Las caras de los hombres estaban pintadas de blanco, con un círculo rojo en cada mejilla y el cabello largo colgando sobre los hombros. Sus cuerpos estaban pintados de amarillo del lado izquierdo, con el pecho, hombro, antebrazo y mano pintados de azul. Del lado derecho, su pecho y hombro eran azules y su antebrazo y mano, amarillos. El resto de su cuerpo era rojo-tierra, con una estrecha línea que salía del pecho para simbolizar la lluvia. Una bandolera roja pasaba sobre el hombro derecho y estaba sujeta a la faja Hopi alrededor de su cintura para sostener la falda ceremonial. Llevaban flores de hojas de maíz atadas al pelo, y encima un puñado de plumas de águila conocidas como nakwa o marca de identificación.
Las muchachas Powamu llevaban la manta negra de las mujeres y estaban envueltas en una capa blanca. Su pelo estaba recogido en espirales de flor de chayote y sobre la frente lucían una flor de chayote hecha con hojas de maíz pintadas de blanco o amarillo. Todas las muchachas sostenían ramas de abeto, con las que se cubrían los rostros para que no las reconociéramos. No descubrí hasta después que todas aquellas muchachas Powamu eran hombres vestidos de mujer.
Habiendo bajado la escalera, los hombres formaron una fila frente a nosotros en el lado norte y las mujeres en el lado sur. Entonces bailaron y cantaron, por parejas, juntándose para cogerse los brazos y bailar por el centro hasta la fosa del fuego, volviéndose a separar. Vinieron a bailar grupos de otras kivas. Entre danzas nos permitían estirar las piernas, pero nos alegramos cuando todo acabó y se nos permitió ir a dormir con nuestros padrinos en la kiva.
A la mañana siguiente fuimos a la escuela como siempre, llevando todavía las pequeñas plumas en el pelo pegadas con resina de piñón, pero teníamos que volver a la kiva otra vez al ponerse el sol. La misma ceremonia se repitió durante dos noches más. La noche del cuarto día, Píktotokya, día de hacer Piki,42 nos llevaron a la kiva Ahl para Kachinyungta, el rito de la Sociedad Kachina.
Éramos muchos niños y niñas, los niños estaban del lado norte en el nivel inferior y las niñas del lado sur. Nos desnudaron y nos taparon con mantas. Los que íbamos a ser iniciados en la Sociedad Powamu llevábamos la pequeña pluma en el pelo para indicar que no debíamos ser azotados. Colgaban muchas clases de plumas del techo –de águila, de halcón, de búho, de cuervo y de buitre. En el suelo, al oeste de la fosa del fuego, vi un gran aro de sauce al cual estaban atados los mismos tipos de plumas.
No tuvimos que esperar mucho. Entró el jefe Powamu, llevaba una capa blanca y un largo bastón con un gancho arriba y varias Madres Maíz o Chóchmingure atadas abajo. De pie entre la fosa del fuego y el aro, el jefe nos cantó sobre el mundo que habíamos dejado atrás. Hablaba de una mujer malvada que corrompió la mayor parte de este mundo, jactándose de que recibía tantos collares de turquesa de los hombres por sus favores que podía enrollarlos alrededor de una escalera de su kiva con una sarta tan larga que llegaba hasta el final del polo.
Al final de la canción, niños y niñas por turno fuimos colocados dentro del gran aro o circulo de plumas. El jefe Powamu y el jefe Kachina desplazaban cuatro veces el aro por nuestros cuerpos arriba y abajo, de cabeza a pies. Al salir del aro, varios Kókoyemsim o Cabezas de Lodo, aparecían desde detrás de nuestros padrinos en el nivel superior y formaban un circulo alrededor del niño o niña. Con las Madres Maíz que llevaban en cada mano, subían y bajaban cuatro veces de pies a cabeza haciéndolo crecer. Todo ello tenía que ser hecho rápidamente, según supe más tarde, porque si no habían terminado al llegar los azotadores, éstos azotarían también a los jefes Powamu y Kachina.


Máscaras antiguas de kachina Cabeza de Lodo, principios s. XX.

Justo cuando los Cabezas de Lodo estaban volviendo a colocarse detrás de nuestros padrinos, escuché un ruido tremendo encima de la kiva. Supe que había llegado el momento. Los dos azotadores Hu'43 y su madre Angwushahaií habían llegado. Tras dar cuatro vueltas a la entrada de la escalera, azotaron los postes de ésta y la núta44 de paja con una furia incontrolada. Todos temblamos del miedo, pese a que mi padrino me había dicho que no sería azotado.
Entraron a la kiva sin haber sido invitados. Angwushahaií primero, llevando el na'chi45 y muchos látigos de yuca. Su máscara tipo casco era turquesa, su rostro formaba un triángulo invertido y un rectángulo negro delineado de blanco, con puntos blancos como ojos y una gran ala negra de cuervo sujeta a cada lado. Llevaba un vestido negro de manta y una faja nupcial blanca, sobre la cual se envolvía una manta de novia.
Los dos azotadores Hu' que la seguían eran aterradores. Sus cuerpos estaban desnudos, salvo unas faldas de pelo rojo de caballo, pintados de negro con lunares blancos, excepto los antebrazos y las piernas debajo de las rodillas que eran blancos. De sus máscaras negras sobresalían cuernos, ojos saltones, enormes bocas con dientes desnudos y largas barbas blancas y negras de pelo de caballo. En ambas manos llevaban largos látigos de yuca.


Tihüs de azotadores Hu.

Los azotes empezaron inmediatamente. Un padrino sacó a un niño al centro del piso, y uno de los azotadores lo golpeó cuatro veces. Luego sacaron a una niña y la azotaron. Los dos kachinas Hu' se turnaban con los azotes, y cuando los látigos se gastaban, la Madre de los Azotadores les daba otros nuevos. Puedes recibir un azote en la espalda, uno en el trasero, en los muslos y en las pantorrillas, o bien cuatro en el mismo lugar. No son golpes ligeros. Pude ver sangrar a un niño que siempre había sido irrespetuoso con sus mayores, y me alegré de haber sido siempre bien educado. Pero a veces un padrino siente lástima después de uno o dos azotes y recibe el resto. Fue un calvario ruidoso, la Madre de los Azotadores alentando a éstos para que golpearan más fuerte, los padrinos y las madrinas quejándose de que había preferencias y los niños gritando fuerte de miedo y aún más fuerte cuando les llegó el turno, más todos los gritos y ruidos de los kachinas. Por fin acabó. El jefe Kachina dijo: “Soy el Padre de todos vosotros, pero como padre no he podido proteger a mis hijos, y me entristece ver lo que os ha sucedido”. Nos advirtió no decir nunca a nadie lo que habíamos visto o los kachinas nos castigarían todavía peor.
Esa noche fui a casa y me quedé con mi padrino. Antes de salir el Sol me despertó la madre de mi padrino quitándome la pluma del pelo y lavándome la cabeza con espuma de yuca. Luego me puso una Madre Maíz sobre el pecho, y pasándola de arriba abajo hacia mi cabeza me dijo: “A partir de este día te llamarás Sikyátavo, Conejo Amarillo”. Me llamaron así porque mi padrino pertenecía al Clan del Conejo, pero el nombre no se me quedó como el que tengo ahora.46

Al final de Powamu, en el amanecer del decimoquinto día que recibe el nombre de Totokya o Día antes de la Danza, hace su aparición el kachina Madre Cuervo o Angwúsnasomtaqa. Lleva atado a la cintura con un largo cinturón nupcial un sarape de novia bellamente bordado, mocasines de ante blancos de novia y un collar de abeto.47

Al amanecer del vigésimo día, tras su matrimonio con otro kachina, su hermano, de acuerdo con la costumbre, la estaba llevando de vuelta a casa de su familia con su traje de novia desde casa de los padres del novio en Típkyavi, al pie de los Picos de San Francisco. En ese momento, recibió un llamado urgente por parte de los Hopi requiriendo su ayuda en la ceremonia Powamu. Madre Cuervo no pudo fallarles y fue inmediatamente, sin cambiarse de ropa. Por esa razón aparece al amanecer con su traje de boda. Pero bajo los gérmenes de frijol, de abeto y de maíz que lleva en su bandeja, hay tiras de bayoneta de yuca por si las cosas no salen bien.48


Casco de kachina Angwusnasomtaka
o Madre Cuervo, colección particular.

Madre Cuervo empieza a cantar, relatando las migraciones del Clan Kachina, y es recibida por el jefe Powamu, a quien entrega la bandeja, que será colocada ante el altar.

Mientras tanto, los frijoles que se plantaron al principio de la ceremonia en cajas de arena húmeda, forzados a crecer en las kivas en un ambiente de invernáculo alimentado por un fuego constante, ya han crecido. Las danzas y la oración concentrada propias de Powamu actúan como bendición sobre los gérmenes de frijol. Si éstos se elevan altos, se prevé una buena cosecha. Los manojos de frijol son distribuidos por todas las casas del pueblo mientras los niños reciben regalos49 de los kachinas, entre otros, tihüs o muñecas kachina con los que se familiarizan antes de ser iniciados. Dichas muñecas no son juguetes, y aunque nada impide que jueguen con ellos, su finalidad es transmitir su tradición, evocando en su vida diaria el recuerdo constante de los kachinas, símbolo de estados sutiles del ser y de mundos invisibles.50


Niñas jugando con tihüs.

Aunque los que se han portado mal reciben la visita de los monstruos kachina Soyoko, que amenazan con llevárselos y devorarlos, teniendo que ser rescatados por sus padres a cambio de comida.


Tihü de Soyoko.
Museum of Northern Arizona.

Así como se aleja Madre Cuervo de la kiva Powamu, volviendo a casa, reaparecen Eototo y Áholi. Mientras los otros kachinas sembraban frijoles, ellos sembraron maíz. De hecho son los únicos que llevan maíz durante Powamu.

Su primera parada es al sur de la kiva de la Serpiente. Eototo dibuja una línea horizontal con harina de maíz de norte a sur, y encima tres cortas líneas verticales de este a oeste. Áholi planta el pie de su bastón en medio de la línea central. Haciendo girar el bastón en un círculo de derecha a izquierda, y comienza a cantar: “A-ho-liiiiiiiiiiiiiiiiii A-ho-liiiiiiiiiiiiiiiiii Holi-holi-ho-liiiiiiiiiiii...”
Tras el llamado, da una vuelta completa una vez a la izquierda, golpeando siete veces con el pie derecho y el extremo del bastón en el suelo, una por cada uno de los siete mundos sucesivos de este universo. La misma ceremonia se repite del lado sur de la kiva Marau, en el kisonvi51 entre las kivas Powamu y Marau, en la plaza al suroeste del pueblo, frente a la casa del jefe del pueblo; del lado norte de la kiva Mong y frente a la casa del clan de Aholi, el Clan del Maíz Verde. Las siete paradas simbolizan los siete universos, cada uno con sus siete mundos sucesivos, abarcando el total de las cuarenta y nueve etapas en el desarrollo del ser humano a lo largo del Camino de la Vida. La ceremonia significa que todos los universos y mundos o fases de la existencia están contenidos en el reino único del Creador que gobierna sobre todas las cosas, y de acuerdo con el principal significado de Powamu, es purificado todo el patrón de la existencia del hombre.52


Sacerdote delimitando el área con harina de maíz.53

Para acabar, se dirigen a la Típkyavi o matriz, la plaza abierta delante de la kiva de la Serpiente, marcan líneas con harina de maíz y vierten agua por el sipápuni de la kiva,54 purificando así las rutas de Salida entre todas las etapas sucesivas de existencia.

Estas dos paradas adicionales simbolizan los dominios exclusivos de Sótuknang55 y del propio Creador. Así se llega a un total de nueve reinos creados y gobernados por el Creador omnipotente de todas las cosas.56

Esa noche, los iniciados son llevados de nuevo a la kiva Marau donde se llevarán a cabo los últimos ritos de Powamu. Son colocados frente al cuadro de arena con las imágenes de los kachinas Azotadores y su madre. Hacia medianoche se oye un lejano y débil llamado fuera de la kiva. Llega el kachina Chowílauu, que significa “unido”, uno de los kachinas más importantes. Es su única aparición del año. Es extremadamente rápido pues está dotado de un extraño poder llamado tamöchopölö, que significa “músculo tirando hacia atrás la rodilla”. Salta y se desplaza sobre el cuadro de arena hasta destruirlo, tras lo cual, desaparece.

Cuando se va, los kachinas Powamu ejecutan la Danza del Frijol hasta el amanecer. Como no llevan máscara, todos los iniciados han comprendido ya que los kachinas son sólo encarnados por hombres, y cuentan con el conocimiento completo sobre el significado de Powamu y sobre su responsabilidad con su pueblo.57


Altar en una kiva, 1901.

Powamu se da por finalizada tras cuatro días de purificaciones por parte de los sacerdotes en el interior de las kivas. Sacan la arena enterrándola cuidadosamente. Los padres de los niños iniciados preparan un banquete al que asisten también los padrinos.

Cuatro boles conteniendo piki planos cubiertos por papilla de maíz, simbolizando la Tierra y la nieve derretida de primavera.58


Sacerdotes saliendo de las kivas en Mishongnovi, c. 1900.

En cuanto a los sacerdotes, no existe tal en el sentido estricto de la palabra. Todo hombre adulto participa al menos en una ceremonia a lo largo del año,59 tras lo cual, vuelve a su rutina en total anonimato.

Esta ausencia de una clase formal de sacerdotes distante del resto de la sociedad, y la inexistencia de una religión separada de las funciones diarias de la vida ordinaria, demuestran cuán profundamente los principios de las ceremonias Hopi están encarnadas en cada Hopi y cuán estrechamente la vida temporal se conforma al rito. El rito Hopi no contempla la salvación del alma individual de la condena eterna al morir. Simplemente presenta el plan divino por medio del cual todas las formas de vida se dirigen hacia su fin fijado. El Hopi no busca un atajo en el Camino de la Vida. Se contenta con avanzar despacio y al unísono con todo lo que lo rodea dentro de este patrón en el que fue integrado al nacer.60


Walpi visto desde el nordeste. Vroman, 1895.61

Durante el último amanecer, una larga procesión se encamina hacia el borde de la mesa para la oración. Todos participan en silencio, orando.

Observan Qöyangnuptu, primera fase del amanecer cuando el violáceo crepúsculo delinea por primera vez la silueta del hombre. Lentamente el horizonte se vuelve amarillo con el polen durante Sikangnuqa, la segunda fase del amanecer que revela el aliento de la vida del hombre. Los sacerdotes y la gente toman el polen del horizonte con las manos ahuecadas, lo tragan y respiran profundamente el aliento de vida. Y ahora, bajo el rojo amanecer de Tálauva, la tercera y última fase del amanecer, se revelan orgullosamente en la plenitud de su creación. El Sol saliente les recuerda siempre que deben enfrentar la vida con el mismo rostro pleno y esplendoroso; y al transformarse en la luz pura y blanca del día, la esparcen sobre sus cuerpos con las manos abiertas...

Con Powamu se dan por finalizadas las ceremonias de invierno. Lo importante es haber entendido el sentido del rito, por el que se revela una red de analogías mediante la cual el hombre aprende a descifrar el sentido de la vida y de la muerte, análogo al viaje cíclico de Sol. De hecho, “el simbolismo producido por las analogías es una forma de conocer más efectiva, tal vez la forma del Conocimiento, pues el símbolo es un auténtico mediador en sí mismo, entre las energías que lo han conformado y las que de él emanan”.62 Asimismo la interrelación entre las tres ceremonias que constituyen el fundamento de su cultura. Todo está intrínsecamente unido y los kachinas son verdaderos símbolos de dicha integridad por lo que representan esencialmente la supervivencia de la tradición Hopi. Ellos vienen a traer lluvia, y con ella el recuerdo y la fecundación. A través de ellos llegó la Enseñanza y gracias a ellos sigue habiendo iniciaciones.

En síntesis:

Durante Wúwuchim, la primera fase, el hombre realizó su Salida a este nuevo mundo, el primer fuego fue encendido, la vida germinó. Durante la segunda fase, Soyál, la morada del hombre fue erigida sobre la Tierra solidificada, el Sol fue relanzado en su curso para dar calor y fuerza a la vida germinada y llegaron los primeros kachinas para consagrar su crecimiento. Con Powamu, en la tercera fase, la vida de las plantas hizo su primera aparición, la humanidad, en forma de niños, fue iniciada por la multitud de kachinas, y todo el Camino de la Vida en todos los mundos fue purificado. Así que el ser humano se yergue ahora, plenamente formado y con conocimiento, en el orgullo de su pura Creación.63


Mishongnovi, 1900.

A pesar de que la primavera transcurre sin ceremonias, durante su comienzo tiene lugar un rito importante: capturar las águilas que serán sacrificadas al final de la siguiente ceremonia, Niman Kachina. Se identifican los nidos y se cogen de ellos sólo los ejemplares demasiado jóvenes para volar. Los aguiluchos son llevados al pueblo con grandes honores y se les sujeta a unas plataformas destinadas para ello en las azoteas de los miembros del clan correspondiente, donde son alimentados diariamente y tratados con todo respeto.

Los días se van alargando; las águilas se llenan de plumas; los gérmenes de maíz asoman del suelo arenoso.

Con la primavera, el sol se dispone a realizar la última etapa de su viaje, de vital importancia, pues es cuando aumenta la calidez necesaria para la maduración de los cultivos. Es entonces cuando los páhos hechos durante Sóyal son plantados en el santuario Táwaki o Casa del Sol de Verano. Dos días antes de que el Sol alcance este último punto, se anuncia Niman Kachina, la primera ceremonia de verano, que durará 16 días. Empieza con tabaco y cantos. Se presentan nuevos cantos que serán seleccionados y ordenados según se correspondan con el momento del día. Es relevante el hecho de que las canciones populares entre los Hopi son los cantos kachina, cuyo tema recurrente tiene que ver siempre con la lluvia, los cultivos, la fertilidad y el crecimiento.

Niman Kachina coincide con el solsticio de verano y significa el regreso de los kachinas a sus hogares, por lo que también recibe el nombre de la Danza de la Vuelta a Casa.

Desde el Solsticio de Invierno, los kachinas han estado en esta Tierra, ayudando a establecer el patrón de la Creación para al año. Ahora la vida está en plena floración y los primeros frutos están llegando; su trabajo está acabado.64

Todo lo que fue invocado durante Sóyal y Powamu se ha manifestado. Niman Kachina es junto con Powamu, una de las principales ceremonias Hopi.

Según la inversión de las temporadas arriba y abajo,65 es el momento del solsticio de invierno en el Inframundo, y los kachinas deben volver a éste y a sus moradas en otros mundos para mantener el equilibrio del año.66

Durante Niman Kachina, prácticamente todos los kachinas deben estar presentes. Destacan los Hemis, con sus aderezos llamados tabletas. Existe un patrón ritual que determina cuántas veces danzarán ya que cada “visita” está relacionada con una parte del cosmos. Con cada ronda de danzas, los kachinas distribuyen regalos a todos los asistentes y se distribuyen melones y sandías, coincidiendo con la cosecha de dicha fruta. Los payasos entretienen a los espectadores con sátiras y juegos a menudo con tintes obscenos.


Melones, sandías y maíz, en el centro de la plaza,
simbolizan la primera cosecha del año.

Uno de los principales ritos de Niman es el peregrinaje de tres días para ir a buscar el abeto sagrado. Se dice que este árbol tiene la fuerza magnética de atraer las nubes y la humedad. El decimotercer día se fabrican páhos que son entregados a tres hombres escogidos para hacer el peregrinaje. Es un largo viaje lleno de peligros de índole espiritual, por lo que el “portador del mensaje” y otros dos hombres que lo acompañan permanecen atentos a cualquier manifestación sospechosa, no sólo externa sino también interna pues todo quedará reflejado durante el rito, comprometiéndolo.

Al llegar a Kísiwu, el Manantial de la Sombra, a unos 65 km al noroeste, hacen sus ritos a la entrada de la cueva en la que se encuentra el manantial, plantando páhos. A la mañana siguiente se acercan a un abeto, que es bendecido, y al que se dirigen con estas palabras:

Salavi,67 hemos venido a por tus hojas, que usamos para nuestra ropa, así que ven con nosotros.

Tras lo cual se acercan a otros abetos y se llevan ramas y ramitas que tras la ceremonia serán plantadas en los campos. Dos abetos, uno macho y uno hembra, son escogidos para la Danza de la Vuelta a Casa.

Cogiéndolos cuidadosamente después de cortarlos, los abrazamos y los acogemos en nuestro seno, sabiendo que estamos llevando sus espíritus kachina a nuestro pueblo, y que los kachina que participan en la ceremonia son los que traen la lluvia. Porque debéis saber que los abetos tienen un poder magnético sobre el que descansan las nubes. Salavi [el abeto] es el chochokpi [trono] para las nubes. Eso es lo que decimos. Cuando cogemos las ramas del abeto estamos höhöqya [cosechando], así como cosecharemos nuestro maíz que crecerá de la lluvia que traigan las nubes. Entended que son los espíritus del abeto, de las nubes y de la lluvia los que nos dan esta vida. Así que volvemos a ofrecer nuestras oraciones a las ramas macho y hembra, e invitamos a todos los espíritus a nuestro pueblo, para que participen en la ceremonia.

Al llegar a la kiva, se espolvorean las ramas con harina de maíz y se bendicen con el humo que el jefe Powamu y el padre Kachina soplan sobre ellos.

Dos días antes de la Danza de Vuelta a Casa, se pintan todas las máscaras kachina. Al día siguiente se adornan con plumas, y esa noche todas las máscaras y los trajes se colocan en posición sobre la repisa de la kiva. Esa noche a medianoche los hombres, vestidos con sus trajes pero sin máscaras, plantan los dos abetos en el kisonvi o plaza.

Los dos abetos, hembra y macho, representan a todos los niños que van a asistir,68 de ahí la presencia de la Powamu-Mana, análoga a la Sóyal-Mana, quien en su día se sentó encima de las semillas ante el altar “empollándolas”. Participará en la plantación de los abetos. Primero el macho es plantado a la derecha del pohoki,69 el santuario del kisonvi “donde los kachinas están cerca para escuchar”, y luego la hembra a la izquierda,70 dejando páhos en su base y una línea de harina de trigo para dar la bienvenida al Sol.

Los páhos son llevados al santuario Salapa, símbolo del Salapa original,71 el Manantial del Abeto, que se ubica enfrente de la Casa del Abeto, en Mesa Verde, donde vivió el Clan del Tejón antes de llegar a Oraibi. Justo antes de la Aurora, los hombres llevan sus máscaras y sus trajes a otro santuario fuera del pueblo llamado Kowáwaimave, que significa “donde los kachinas y la gente viven juntos en armonía”, para orar, fumar y vestirse. Aquí cantan y bailan en la aurora. Luego, al salir el Sol, la larga fila de kachinas se encamina hacia el pueblo.

De nuevo expectación y asombro ante la extraordinaria Danza de la Vuelta a Casa. El público, apiñado en las azoteas, guarda absoluto silencio, sólo roto por el águila, orgullosa, la que, atada a una pata, espera una muerte llena de respeto y simbolismo para los Hopi.


Águila atada en lo alto de la escalera de la kiva.

Los kachinas avanzan en fila hacia la plaza. Tras el Jefe Powamu, el Padre Kachina y su asistente, llegan en completo silencio treinta kachinas hemis72 y unas ocho kachina-mana, los primeros adornados con ramas de abeto que lucen en su cintura y al cuello. Tras ser espolvoreados con harina de maíz por el Padre Kachina, empiezan su danza.

Danza y canto, de gran belleza y atractivo, duran todo el día, pero en sus indefinidas variantes se encuentran los significados más profundos.

Tanto en la coreografía de la danza como en el ritmo de la música se refleja su cosmogonía. En cuanto a la primera:

El patrón de la danza encarna el familiar concepto cosmológico. Los bailarines entran a la plaza en una sola hilera desde el este y se ponen en fila del lado norte, mirando al oeste. Mientras danzan, el final de la hilera se curva lentamente hacia el oeste y el sur, pero se rompe antes de que se forme el círculo, tal como se rompió el patrón de la vida y se destruyó el Primer Mundo. Entonces los bailarines se mueven hacia el oeste, la línea se curva hacia al Sur y se rompe como el patrón de la vida en el Segundo Mundo. Moviéndose hacia el sur y curvándose hacia el este, los bailarines repiten el procedimiento en esta tercera posición representando el Tercer Mundo. No hay una cuarta posición, puesto que la vida sigue en este Cuarto Mundo y habrá que ver si se adhiere al patrón perfecto o se romperá de nuevo.


Danza Niman, Shungopavi. Vroman, 1901.73

Los hemis kachina son los protagonistas de la danza Niman. Sobre la cabeza llevan una tableta con las dos plumas de águila características que lucen estos kachinas, con símbolos fálicos y el arco iris. Delante de la fila de kachinas hemis se coloca otra fila de hemis-mana, que a pesar de su aspecto femenino, son hombres.

En cuanto a la segunda, la estructura del canto se divide en cinco secciones. La primera se corresponde con el patrón perfecto de la Creación del Primer Mundo, enfatizándose para elevar los pensamientos de la gente en concordancia con la perfección del Primer Mundo. La segunda relata cómo el hombre tuvo que salir al Segundo Mundo debido a su desobediencia a las leyes. La tercera recuerda la Salida y destrucción del Tercer Mundo. En la cuarta, el canto y la danza ganan fuerza. En la quinta, la humanidad vuelve a estar en el “fondo”, por lo cual los kachinas, luchando por mantener el equilibrio del Cuarto Mundo, se esfuerzan duramente por elevar su actuación y con ello los pensamientos de los espectadores.

El sol se está poniendo, pintando de oro el inmenso territorio Hopi. Ha llegado el momento del último baile del ciclo, el octavo, el último del día... el último del año. Esto significa decir adiós a los Kachinam hasta que al Sol, habiendo retrocedido en el invierno, se le pida que se detenga y comience de nuevo hacia adelante. Entonces los Espíritus Vivientes de los Kachinam podrán regresar nuevamente desde los Picos San Francisco.74


Walpi desde el sur, 1897.

Llega pues el momento de la despedida. Pero no sólo los kachinas vuelven a casa. También los dos abetos, que son llevados por el Padre Kachina del pahoki al tipkyavi o matriz como si fueran niños quienes tras haber sido testigos de la ceremonia, son devueltos a kísiwu, el altar sagrado del Manantial en la Sombra.75

En el kachinki o Casa Kachina tiene lugar un rito clave. Allí, el Padre Kachina espera a los kachinas. A medida que van llegando, raspa en sus máscaras la pintura de debajo del ojo izquierdo, recogiéndola en un pequeño bol y enterrándola en la tierra. Simbólicamente, ello deja al hombre con media visión del patrón de la Creación.

Se le avisa de que si con el Conocimiento incompleto utiliza su poder kachina, puede destruir a alguien, y se le insta a buscar la visión completa76 y el Conocimiento.

Los hombres se quitan entonces sus máscaras y trajes y se lavan la pintura, volviendo a ser de nuevo meros miembros de su comunidad. Sólo cuatro hombres están exentos de ello, pudiendo conservar la pintura bajo el ojo izquierdo: son los líderes del Clan del Oso, del Clan del Tejón, del Clan del Perico y del Clan del Águila.

Con el amanecer tiene lugar el último rito. Asisten los líderes de los cuatro clanes principales, quienes se sitúan fuera de la kiva Powamu, colocados según la dirección de la cual llegó su clan. La kiva simboliza el cuerpo del universo, por lo que sus posiciones aluden a las distintas Salidas y rutas de migración. Eototo, representante del Clan del Oso, colocado hacia el Oeste, sostiene una rama de kevepsi, planta que simboliza la abundancia y fue traída del Tercer Mundo, que entrega al Jefe Powamu. Éste soplará humo en las cuatro direcciones y guiará a los cuatro hombres a la Casa Kachina, donde raspará sus máscaras debajo del ojo izquierdo. Se completa así el tangave o Rito del Plan y termina la responsabilidad del jefe Powamu con el cacique del pueblo.


Tihüs simulando la Vuelta a Casa, camino de los Picos de San Francisco.

Pero también “vuelven a casa” las águilas, que son sacrificadas sin derramamiento de sangre. Los jefes suben a las azoteas y tras envolver su cabeza en una manta, les quitan la vida con el máximo cuidado. En el interior de la casa, el águila es colocada mirando al Oeste y a su lado se pone harina de maíz y una pluma de oración. Cuando el cuerpo se enfría, el líder del clan le saca la primera pluma, piphö, que significa “pluma perfectamente redonda”, que es usada específicamente para dirigir una oración al Sol. A continuación, el cuerpo es llevado al lugar de enterramiento de las águilas, al oeste del pueblo, donde es sepultada con la cabeza orientada al oeste con harina de maíz, piki, tabaco y plumas de oración. Se apilan piedras sobre su cabeza y entre ellas se introduce un palo que simboliza la escalera por la que el espíritu ascenderá en el cuarto día al reino cuyos poderes invisibles ayudan siempre al hombre en su largo Camino de la Vida.

Porque fue este ave grande y orgullosa la primera en dar la bienvenida al hombre a este Cuarto Mundo y le dio sus plumas para pahós, las plumas que todavía llevan nuestros mensajes de oración a otros mundos y estrellas donde existe la vida, y que a su vez nos exigen buenos pensamientos que mantienen la armonía de nuestro planeta. Si el águila lleva entre sus plumas el gran poder magnético del mundo de las aves, así como el abeto lleva en sus agujas el más alto poder magnético en el reino vegetal, es apropiado que ambos vuelvan a casa durante Niman Kachina, junto con los kachinas que imbuyen las formas humanas con espíritu.


Danzantes, 1885.

El Padre Kachina se despide de los kachinas con estas palabras:

"Kwakwai, gracias una vez más por haber vuelto y traído maíz y alegría y comida y buena caza. ¡Muchos niños han nacido! Bendecid a todo el mundo, no sólo a todas las personas y todas las casas en todas las naciones, sino también a los hermanos del Mundo animal, del Mundo vegetal, del Mundo terrestre y de la roca. ¡Y volved! ¡Por favor, hacedlo! Esperamos vuestro regreso, caminaremos por el Camino Hopi en el que nacimos, caminaremos con Buen Corazón.

A lo cual responde el líder de los kachinas agitando su sonaja en señal de aceptación del mensaje, que será transmitido. Prometen regresar en el momento adecuado, en la Luna adecuada, en el lugar adecuado, en orden. Así acaba la ceremonia. Desde las azoteas, la gente escupe sobre ellos, como si hubiese llegado la lluvia, y se acercan a arrancar ramitas de abeto que plantarán en sus campos.

Y con el sol poniéndose, los kachinas dejan en fila la plaza, en silencio, por las estrechas calles del pueblo. Nadie les sigue. Sólo por un momento sus figuras de otros mundos se perfilan bajo el brillo del sol en lo alto de los despeñaderos antes de bajar a la Casa Kachina que se encuentra más abajo. Y de repente, como el espíritu que en su momento imbuye toda vida, desparecen de la vista.


Niños en el camino principal a Walpi, 1901.

No ha sido un sueño.

Hablé con ellos. No hablan palabras humanas. Hablan con amabilidad: sus palabras son el golpe de la lluvia. Hablan con poder, con el estruendo del trueno masculino, con la energía solar del relámpago. No son del espacio exterior. No tienen los pies en la tierra. Ellos no son dioses. Ellos son Mensajeros. ¡De múltiples rostros, vestidos de colores, pintados, coronados de símbolos y plumas vibrantes, sobre esos rostros que no hablan!
Le hablé a los Kachinam, con la radio de mi corazón, con las ondas largas al Poder Superior. Hay tanto que decir que es dicho en silencio...77



NOTAS
1 Algunas fotografías tienen muchos años y son de muy baja resolución. Sin embargo hemos querido anteponer la autenticidad a la calidad, sobre todo dada la escasez de material gráfico, pues los Hopi se han cuidado mucho de la privacidad de sus ritos. Está prohibido tomar fotografías, hacer vídeos o grabar.
2 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Máscara”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
3 Living Spirits of Kachinas, Revista Arizona Highways, Vol. XLVII Nº 6, Junio 1971, Arizona Highway Department, Phoenix, 1971.
4 En otoño se celebran tres ceremonias más, protagonizadas por la sociedad de mujeres: Lakón, Márawu y Owaqlt.
5 Frank Waters, Book of The Hopi. Ed. Penguin Books, Native American Studies, Nueva York, 1977.
6 Los Hopi dependen de la lluvia. “El agua es escasa y poco fiable. Los cultivos son regados por filtración y por las lluvias de mediados de verano. El principal suministro son los aljibes y los manantiales. La necesidad permanente de agua es la fuerza motora en los ritos de los Hopi”. Incluso llega a afirmarse rotundamente que “todas las ceremonias son para la lluvia y su correcta ejecución trae el efecto deseado”. Barton Wright y Evelyn Roat, This is a Hopi kachina. Northern Arizona Society of Science & Art, Inc. Flagstaff, 1962.
7 Durante las tres primeras ceremonias, Wúwuchim, Soyál y Powamu, se ritualizan las dos primeras fases de la Creación. Ver artículo anterior sobre la Cosmogonía Hopi: cosmogonia-hopi
8 Tom Bahti y Mark Bahti, Southwestern Indian Ceremonials. Ed. K.C. Publications, Las Vegas, 2007.
9 Frank Waters, Book of The Hopi, op. cit.
10 Las máscaras suelen estar pintadas con diferentes colores y pueden llevar añadidos, como hocicos o cuernos. Algunas están adornadas con plumas, ya sea de águila, de loro, de búho o de pavo. En la parte alrededor del cuello pueden llevar un collar de ramitas de hoja perenne, de plumas o de piel de animal. La mayoría de las máscaras suelen ser de piel y algunas son de tela de algodón sobre una estructura de sauce.
11 Los jefes kachina suelen ser unos 30 y reciben el nombre de mong o mong kachinam.
12 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Máscara”, op. cit.
13 Aunque la temporada kachina empieza el último día de la ceremonia con un grupo de kachinas QöQölo a la entrada de cada kiva.
14 Todos los kachinas tienen nombre pero no todos los nombres tienen traducción. Por otra parte los kachinas nunca son adorados. Además de aproximadamente 250 kachinas, los Hopi reconocen una treintena de dioses, de los cuales ya tratamos en un trabajo anterior. Entre ellos, Sótuknang, dios del Cielo, y Másaw, dios de la Tierra o del Inframundo. Algunas deidades aparecen como kachinas aunque la mayoría no son representadas bajo ninguna forma.
15 El resto, por lo general, aparece en grupo, todos vestidos igual y con la misma máscara, bailando y cantando al unísono.
16 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
17 Los páhos son plumas o varas de oración. Normalmente se trata de plumas de águila, pero puede ser cualquier pluma que haya sido purificada y bendecida. Los páhos son parte esencial de toda ceremonia.
Cuando la gente emergió al Cuarto Mundo, encontraron un águila a la cual pidieron permiso para vivir en la Tierra. Tras varias pruebas, el águila les concedió el permiso y les dio una pluma. Les dijo que cuando quisieran invocar mediante una oración, lo hicieran a través de una pluma.
Los páhos son cuidadosamente elaborados en oración concentrada tras lo cual son llevados a un santuario y son clavados en hendiduras de la roca o colgados de arbustos hasta que hayan absorbido las vibraciones de la oración.
El chamán también se sirve de ellas en el momento de la muerte. Un páho es colocado verticalmente y empujado entre las rocas hasta tocar el cuerpo del difunto. Otro páho se coloca sobre la tumba apuntando hacia el suroeste, guiando al alma, la cual, ayudada por las oraciones del chamán, sigue la dirección apuntada por el páho hacia la entrada al inframundo.
Federico González explica que “los indios Pueblo consideran a las plumas como intermediarias entre cielo y tierra y las colocan en lugares especiales de su geografía sagrada”. Y respecto a su simbolismo, “en general todos los plumajes están asimilados al vuelo y el viaje estático, pero para los indios de Norteamérica la pluma de águila es la que posee mayores poderes, incluso curativos”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Alas - Aves - Plumas” y “Águila” respectivamente, ibíd.
18 La kiva constituye el núcleo de la ceremonia. Es un templo subterráneo donde tienen lugar los ritos a cargo de los sacerdotes de los clanes con autoridad para ello. Representa el mundo subterráneo de donde emergieron los humanos. Las kivas están profundamente hundidas en la Madre Tierra, símbolo del útero.
19 Mana significa hombre vestido de mujer. Sólo los hombres encarnan kachinas, ya sea masculinos o femeninos.
20 Living Spirits of Kachinas, op. cit.
21 Ibíd.
22 Fotografías de A. C. Vroman, 1895-1904. William Webb y Robert A. Weinstein, Dwellers at the source. University of Mexico Press, Albuquerque, 1989.
23 Living Spirits of Kachinas, ibíd.
24 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Risa”, ibíd.
25 Ana Contreras, En el taller hermético, Colección Aleteo de Mercurio. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.
26 Anne Cameron, Daughters of Copper Woman, citado por Ana Contreras en En el taller hermético, ibíd.
27 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
28 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Danza”, ibíd.
29 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
30 Se trata de la luna que coincide con Powamu.
31 Powamu significa “Purificación”.
32 Las dos sociedades más importantes son la Powamu y la Kachina, y los clanes dominantes son por orden el del Tejón, el del Kachina, el del Perico y el del Tabaco.
33 William Webb y Robert A. Weinstein, Dwellers at the source, op. cit.
34 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
35 Eototo es uno de los más antiguos y respetados mensajeros de los dioses.
36 Se dice que el nombre de Áholi deriva de la palabra Hopi ahulti, que significa “retorno”, en alusión a la promesa que hizo Quetzalcóatl a su gente cuando dejó Tula.
37 Todos los ritos Hopi se llevan a cabo con harina de maíz. Su uso en las ceremonias es tan variado como significativo. Es la Madre Maíz, sustento de la vida, análoga a la Madre Tierra. Cuando nace un niño, en la habitación en la cual permanecerá 20 días a oscuras, se marcan las paredes con cuatro marcas para dividir los días en cuatro grupos de cinco días. Los primeros cinco simbolizan el tiempo pasado bajo Tierra antes de la salida al Primer Mundo. Los siguientes cinco días simbolizan la salida al Segundo Mundo, y así hasta el Cuarto Mundo. Con la salida a cada mundo, se elimina una raya de maíz. Tras los veinte días se saca al bebé para presentarlo a Taiowa, espíritu del Sol. El Camino de la Vida en la kiva también es dibujado con harina de maíz, y los kachinas siguen caminos de harina de maíz para llegar al pueblo. Asimismo, se trazan líneas con ella para delimitar el área en la que se celebra la ceremonia y protegerla así de intrusiones, y los danzantes son espolvoreados al darles la bienvenida.
38 Los mana son kachinas vestidos de mujer.
39 William Webb y Robert A. Weinstein, Dwellers at the source, ibíd.
40 Taiowa y Másaw simbolizan para los Hopi el espíritu del Sol, del crecimiento y la abundancia. Mientras Taiowa simboliza el espíritu de la Vida, Másaw, el hombre esqueleto, gobernante del Inframundo, simboliza el espíritu de la Muerte. Es el Dios de la Tierra, guardián del Fuego y de la Puerta.
41 Ana Contreras, En el taller hermético, ibíd.
42 Tortillas.
43 Los Azotadores Hu’ simbolizan la tormenta y la nieve.
44 La núta es la cubierta de paja tejida para la salida de la kiva.
45 Estandarte plantado en la kiva durante una ceremonia.
46 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
47 Se incidirá más adelante acerca del simbolismo de este árbol.
48 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
49 “Antes de cada ceremonia, los tíos y padres de los niños del pueblo se avezan confeccionando muñecos a imagen y semejanza de los kachinas que participarán en la ceremonia”. Barton Wright y Evelyn Roat, This is a Hopi kachina, op. cit.
50 “Es imperativo dejar que la anamnesis se arme y aflore en su discurso de pautas y ritmos intangibles”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Anamnesis”, ibíd.
51 Lugar abierto o plaza delante de una kiva.
52 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
53 En 1540 tuvo lugar el primer contacto de los Hopi y los españoles con la llegada de Tobar junto con unos pocos soldados de Coronado, a caballo y bien armados. Descubiertos por los sacerdotes guerreros del poblado de Awatobi, fueron avisados de que no eran bienvenidos. Los sacerdotes trazaron ritualmente una línea de harina sagrada de maíz sobre la cual nadie puede pasar so pena de declararse enemigo y tener que enfrentarse al inmediato castigo de dioses y hombres. Pero ignorantes, los españoles cruzaron la línea y ello desencadenó una lucha feroz que acabó con la toma de Awatobi y más tarde de Walpi, Mashonganavi, Shungopavi y Oraibi. George Wharton James, The Indians of the Painted Desert Region. University Press, John Wilson and son, Boston, 1903.
54 Existe una relación, de hecho etimológica, entre sipápuni y ombligo, y por tanto con el nacimiento o venida al mundo. Simboliza la casa del sol y por tanto tiene que ver con los solsticios y las puertas solsticiales. Se dice que los recién nacidos acceden a este mundo desde el Inframundo a través del sipápuni, relacionándose así con el este y con el Sol. Efectivamente, el este está asociado al Sol naciente, y por ende al nacimiento del día y de la vida. El oeste con la muerte y el ocaso. Cuando el hombre muere, regresa allí. “Por eso la kiva se coloca mirando hacia el este y el oeste. Los novicios siempre deben sentarse en la parte elevada hacia el este, puesto que renacen mediante la Iniciación. El nivel más bajo del altar está ubicado del lado oeste, ya que contiene el sipápuni, la fosa del fuego y el altar, que funcionan dentro de los procesos rituales de la muerte y el renacimiento”. Vida y muerte son “dos fases complementarias de un ciclo eternamente reiterado; una continuidad que permanece íntegra hasta que la humanidad atraviese los siete mundos sucesivos de cada uno de los siete universos sucesivos, completando finalmente las cuarenta y nueve etapas de su completa existencia”.
Los ritos empiezan con el nacimiento. Después de nacer, como ya hemos dicho, el niño permanece 20 días en la oscuridad, tras lo cual la madre lo lleva hacia el este para presentarlo al Sol. Inversamente, a la hora de la muerte, el alma viaja hacia el oeste, regresando al Inframundo de nuevo a través del sipápuni. “Ahí renace, como un bebé, para vivir otra etapa de la existencia dentro del mismo gran ciclo”. Sin embargo, “si una persona se adhiere rigurosamente al patrón ritual puro en esta etapa de la existencia, es liberado al morir de pasar por los tres mundos restantes de este universo y llega directamente al siguiente universo de múltiples mundos en forma de kachina. Pero si es perverso y se convierte en bruja o hechicero, su regreso al Inframundo es dolorosamente lento”. El entrecomillado pertenece a Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
55 Dios del Universo, sobrino de Taiowa y creador de todas las ceremonias.
56 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
57 Ibíd.
58 Ibíd.
59 Si viven fuera de la reserva, vuelven a ella durante las danzas kachina.
60 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
61 William Webb y Robert A. Weinstein, Dwellers at the source, ibíd.
62 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Analogía”, ibíd.
63 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
64 Ibíd.
65 Entiéndase como la inversión de la mitad superior y la inferior de una circunferencia o ciclo, en este caso, el ciclo o viaje del Sol. Así, las tres ceremonias de verano se corresponden de manera especular con las de invierno.
66 Frank Waters, Book of The Hopi, ibíd.
67 Significa “abeto”.
68 En cuanto a la relación entre el poder magnético del abeto y la Iniciación, la imantación constituye “una imagen del hilo áureo que se transmite de un adepto a otro”. Entrecomillado de Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Imán”, ibíd.
69 Templo donde se plantan las plumas de oración.
70 De forma análoga a las dos columnas del Arbol de la Vida Sefirótico.
71 Pueblo legendario identificado con la Casa del Abeto en Mesa Verde.
72 Hemis significa “lejos”.
73 William Webb y Robert A. Weinstein, Dwellers at the source, ibíd.
74 Living Spirits of Kachinas, ibid.
75 Federico González define así la matriz en su Diccionario: “Subterráneo misterioso que nos comunica con un ser que, prodigio entre los prodigios, aúna la inteligencia a la vida de innumerables células multiformes que señalan la variedad del mundo y su sistema indefinido de programaciones. Lugar inicial y final en el recorrido del alma por las vicisitudes de la vida y que será a su vez el útero real o simbólico de la promesa liberadora, siempre presente. Sello del amo invisible que revela su misterio a la par que sus maravillas creacionales así como la de sus vástagos, los seres humanos. Sitio de la sombra que se hace noche, cual una gruta subterránea capaz de engendrar toda vida”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Matriz”, ibíd.
76 La conciencia de Unidad.
77 Living Spirits of Kachinas, ibíd.

ARTÍCULOS
BIBLIOGRAFÍA

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Frank Waters, Book of The Hopi. Ed. Penguin Books, Native American Studies, Nueva York, 1977.

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Living Spirits of Kachinas, Revista Arizona Highways, Vol. XLVII Nº 6, Junio 1971, Arizona Highway Department, Phoenix, 1971.